La denominación deriva del topónimo Gallecia. Con este nombre los romanos identificaban la provincia del Imperio Romano que abarcaba el tercio de la Peninsula Ibérica situado al norte del río Duero y al oeste del río Pisuerga.
Los nativos de Galicia fueron muy conocidos por la fuerte resistencia contra el Imperio Romano, la defensa se mantuvo al pié del cañón durante más de un siglo.
La Galicia feudal
La presencia árabe en el resto de España con la consolidación de un emirato, en Galicia no interrumpe el camino emprendido hacia una sociedad señorial típicamente occidental que se mantiene independiente del poder musulmán y pugna violentamente, durante el siglo VIII, contra el expansionismo de los primeros caudillos astures (Fruela, Silo...) tal como lo relatan las propias crónicas asturianas.
Edad Moderna
La estabilidad política y el descabezamiento de la nobleza dan lugar a la prosperidad de los fidalgos que viven en los pazos del cobro de los foros a los campesinos, al auge de los monasterios que se integran en una economía rural y a una expansión demográfica debida a la introducción del maíz y la patata.
Galicia hasta la actualidad
Desde ese momento, la historia de Galicia corre paralela a la de España. Los siglos siguientes transcurrieron marcados por un alejamiento del poder central y un progresivo desprestigio de la lengua y culturas gallegas tan ensalzadas por el propio rey Alfonso X. La emigración a América y a Europa a mediados del siglo XX respondían a las condiciones de una región sólo industrializada en el entorno de Vigo y con A Coruña como centro comercial.